lunes, 15 de octubre de 2012

Alberto Fujimori en campaña


Por: Mirko Lauer  Mirko Lauer
El asunto del indulto que busca Alberto Fujimori no solo se está prolongando más allá de toda medida, sino que además se está enredando como los malos culebrones. Este último asunto de que Fujimori no quiera pedir él mismo su indulto tiene sabor al viejo bacalao que el candidato repartía en los años 90. La cosa empieza a apestar.
La ubicua prensa que simpatiza con la mafia juega con la salud de Fujimori según la conveniencia del momento, alternando encuestas dudosas con fotos truculentas. Los protagonistas centrales del operativo excarcelación se van sacando ases de la manga para mantener aturdido a Ollanta Humala, puesto que en eso consiste todo el operativo Arberto Humanitario.
Las movidas y promesas bullen: si sale no volverá a  hacer política, solo se dedicará al cuidado de su salud, debe cobrar pensión vitalicia de ex presidente para de allí pagar los S/.27 millones que debe de reparación civil, y así sucesivamente. Un diario llega a decir que soltar a Fujimori “Produciría la reconciliación nacional” (?). Abogados haciendo de médicos, médicos haciendo de abogados.
Pero no es en absoluto imposible que un Fujimori indultado vuelva a las andadas como en los viejos tiempos, y a la velocidad del rayo. Por ejemplo trasladándose de vuelta al Japón (para evitar el efecto Crousillat de reenchironamiento) y montando desde allí el tipo de aparato de agitación y propaganda sobre temas peruanos que antes tenía.
Además las cifras de simpatizantes por un indulto humanitario que circulan lo pueden estar haciendo pensar que el 2016 es todo suyo. Ojo con la hija, que puede terminar sufriendo de un Fujimori indultado similar trato que el padecido por Susana Higuchi. Sabemos que a la hora   de atender sus ambiciones, el gran Kenyo no entra en vainas.
Por lo pronto, la idea tan repetida de que Fuerza 2011 aspiraba a otra cosa que sacar a Alberto Fujimori de la cárcel se ha desinflado. Con ello la imagen de la hija Keiko se despinta, y la del hijo Kenyi crece. Detrás de este último avanzan su ficha fujimoristas avezados en el arte del psicosocial.
A partir del indulto Fujimori podrá empezar a referirse a la injusticia, por no decir la ilegalidad, de su condena. Lo cual pondrá en marcha un operativo judicial para dejar su imagen limpiecita, y lista para enfrentarse a los partidos en crisis que hoy amueblan el Congreso. Más de un fujimorista pagaría el precio de haber hecho política en su ausencia.
¿Suena exagerado?  Casi no hay treta que Fujimori no haya ensayado. Enfermarse y curarse, casarse y descasarse, volverse candidato japonés y exiliado peruano, subir a bordo y repudiar a Vladimiro Montesinos. Ahora hace trucos con fotos y encuestas.

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JAIME ESPEJO ARCE